lunes, 25 de marzo de 2013

Libro cerrado.


Cartas de despedida que saben a café amargo, con mis mejillas que se hicieron amigas de las lágrimas, y viendo como se saludan cada noche esperando caer en el almohada del olvido, la que me espera cada noche a que le susurre una vez más todas las ganas que tengo de retroceder a aquel preciso momento en el que nuestras miradas se cruzaron por primera vez. Podría repetir una,otra vez y infinitas veces nuestra historia sin ninguna página escrita, todos y cada uno de los segundos, días, semanas, meses que esperé por ti. O quise creer que merecía la pena esperarlos.

Tu nombre me hacía (y me hace) recordar aquel día, un sueño el cual nunca quise despertar y el tiempo hizo que me tropezase con la realidad, haciendo que de cicatrices se contasen las tantas veces que me hiciste sonreír. Y llorar. Largos meses manteniendo la esperanza de que nuestros caminos pudiesen cruzarse, dirigirse la palabra, haciendo locuras por volverte a ver, lo imposible.
Nada. Todo mi esfuerzo, todas las noches en vela, todos los llantos, los días melancólicos y nostálgicos que solo tenían una y simple razón, tú. Y solo tú. Mi mente ya te sabe de memoria. Ya sabe de memoria que te quiero olvidar.
¿POR QUÉ? Las respuestas han resuelto por fin a todas mis preguntas.
Habíamos cambiado. Habías cambiado. Has cambiado. Todo cambió y ha cambiado.
Has dejado escapar todos los recuerdos que nos quedaban.
Luché por ti, pensé en ti tantas veces como de constelaciones en el mundo, mis ojos estuvieron mas mojados que secos.
Espero que encuentres a la chica que te haga feliz. Y yo encontrar a alguien que luche tanto como yo hice por ti.
Doy por finalizado el libro.

Sentimientos enredados entre la comisura de tus labios.

Creía que la felicidad consistía en nuestras miradas llenas de complicidad, en esa sonrisa que enloquecía todos mis sentidos, y así hasta llegar a creer que solo eso me bastaba para completar el concepto que tenía por ‘ser feliz’. La mayoría de la personas hacen creer a la gente de su alrededor que son felices… o lo dicen todas las veces posibles para llegar al punto de engañarse a ellos mismos. La sociedad a tomado ‘felicidad’ como un método de protección ante su capa de problemas. El ‘estoy bien’ ya no carece de sentido, cuando sabemos perfectamente que nos estamos pudriendo por dentro, ahogando nuestras penas en lagos infinitos de tristeza. Cuando realmente estés feliz, ya nada importará, solo ese momento que tu sonrisa transmitirá al mundo entero lo viva que te sientes y las ganas de querer disfrutar cada segundo que la vida nos regala día a día. Que todos tus problemas se cambiarán por locuras, y esa, es la clave de la vida. Vivirla.

Trabajos escolares. ¿Quién lo diría?

Mi noche de amor ideal sería con una persona importante, en el momento adecuado, especial y sobretodo, única. 

Sonaría el timbre, y mis sentidos se dispararían en milésimas de segundos. Me asomaría a la ventana, y sería él. Bajaría las escaleras y le vería allí abajo, esperándome. Llevaría el vestido que tanto le gustaba, y esos tacones de aguja que me enamoraron a primera vista, la misma sensación que me recorrió el cuerpo cada vez que él y yo nos miramos por primera vez, y en ese preciso momento sentiría que seríamos eternos

Pasearíamos toda la noche de la mano de aquella persona por las calles iluminadas de Barcelona, hablaríamos sin cesar de todo tipo de tema, tomaríamos un café, sonreiríamos como si de sonrisas se crease adicción a ellas y nos miraríamos... esas miradas que tienen la capacidad de matar sin compasión alguna. 

En el largo paseo de retorno a casa, que empezase de repente a llover, y no nos refugiaríamos de la lluvia, si no, caminaríamos bajo ella. Levantaría la mirada hacia el cielo nublado y sonreiría. Me protegería entre sus brazos cubiertos por su americana que tanto me perdía. Que el rímel se me hubiese corrido bajando por mis mejillas y que a él se le hubiese marcado todo el carmín en sus labios en señal de nuestro primer ( y no último ) beso de la noche. 

Al volver a casa, me encontraría la casa llena de pétalos y se escucharía de fondo Nothing Else Matters de Metallica. Acto seguido, nos acomodaríamos en el sofá y veríamos una película los dos juntos, acurrucados y dándonos cariño mutuamente y algún que otro beso para endulzar el momento más de lo que estaba siéndolo. Al acabar la película, nos iríamos a al habitación, y una vez allí nos tumbaríamos y acariciaríamos como anteriormente hacíamos, entre beso y beso, nuestros cuerpos se irían quedando desnudos. Era el momento. 

Sentir que dos cuerpos estén unidos y ser una sola persona. Tener mas confianza y complicidad entre los dos y que un hecho tan importante como es este no solo se llame 'sexo', si no, 'hacer el amor' con esa persona que te completa. 

Al despertar, el sol se reflejaría bajo las cortinas diciendo así un nuevo día y que los pájaros canten una melodía interminable. Al otro extremo de la cama se encontraría él, escondiéndose entre las sábanas. Nos miraríamos. Sonreiríamos. Nos besaríamos de nuevo, una y otra vez. Me susurraría al oído que no podía haber sido más perfecta aquella noche. Me sonrojaría. Acariciaría su espalda, su pelo, todo. Me sabría sus lunares de memoria. Y el se sabría todas y cada una de las palpitaciones que causaría mi corazón cada vez que me besaría. Y en ese instante, todos los sentimientos que mi corazón escondía bajo capas y capas de piel, explotarían aquella noche, junto a él, bajo la luna. Demostrándonos así el amor eterno que nos juraríamos.